El impacto económico de la pandemia en México (y cómo podemos evitar que sea mayor)
ECONOMÍA 19 JUL, 2020
En la mayoría de
los países en el mundo tomaran medidas para frenar el paso del COVID-19,
seguimos estando lejos de disminuir los riesgos que esta pandemia representa
para la vida de los habitantes de nuestro país. Entre los miles de familias que
han tenido que afrontar la tragedia de perder a un ser querido, y los millones
de mexicanos que han perdido parcial o totalmente su ingreso desde el inicio de
la contingencia, esta será sin duda una crisis que nos afectará por años.
“Sin lugar a
duda la principal consecuencia adversa de esta pandemia está dada por la
pérdida de vidas humanas y por las afectaciones familiares que ya padecemos,
pero en paralelo todos los países de nuestra región experimentan profundos
impactos sociales y económicos a raíz del COVID-19, el cual será la causa de la
mayor crisis en América Latina en décadas”, comentó en entrevista Santiago
López, Director General del Consejo Internacional de Asociaciones de Bebidas,
Grupo para América Latina y el Caribe.
“La CEPAL
proyecta que la región evidenciará una caída del producto interno bruto de
-9,1% en 2020, que la tasa de desocupación regional se situará alrededor del
13,5%, es decir 44,1 millones de personas no tendrán trabajo, y el número de
personas en situación de pobreza llegará a 230,9 millones en el 2020 es decir
el 37,3% de la población latinoamericana”.
Estos niveles de
pobreza tienen muchas implicaciones para la vida de los mexicanos y el
crecimiento económico del país en general. “La pobreza condiciona en manera
adversa el acceso a bienes y servicios básicos, e impide que las personas
eleven su nivel y calidad de vida”. Pero la consecuencia más grande es también
la más básica: las personas perderán la capacidad económica de alimentarse.
“Las entidades de Naciones
Unidas señalaron esta semana que cerca de 690 millones de personas padecen
hambre y que unos 2.000 millones de personas en el mundo no disponen de acceso
regular a alimentos inocuos, nutritivos y suficientes, esto léase bien, sin
sumarle los efectos del Coronavirus los cuales pueden añadir la aterradora
cifra de entre 83 y 132 millones de personas al número total de personas
subalimentadas”.
Es por eso, que
ahora más que nunca la política fiscal debe jugar un papel central en la
mitigación del impacto social y económico derivado de la pandemia del COVID-19,
impulsando la reactivación económica. “Es claro que ahora más que nunca las
políticas públicas deben tener una rigurosidad sobre los efectos sociales y
económicos que estas conllevan.
Además, aumentar
el costo de productos y servicios en tiempos de crisis afecta de forma directa
a toda la cadena de valor, desde agricultores hasta familias que operan tiendas
de barrio. “Si las ventas de un producto se contraen, bien sea por aumento de
precio o por cualquier otra razón, todos los actores que tienen que ver con su
fabricación, distribución, venta, publicidad, post consumo se verán afectados y
de nuevo en tiempos de crisis esto es simplemente injustificable”.
Es por eso que,
especialmente en tiempos de crisis, debemos buscar medidas que protejan el
empleo y disminuyan el riesgo de una crisis alimentaria, hoy más que nunca es
momento de ser solidarios y empáticos con nuestra sociedad, promoviendo
soluciones que fortalezcan la fuerza laboral y devuelvan la estabilidad a
quienes la han perdido a causa de esta pandemia.
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